jueves, 8 de mayo de 2008

De mayor quiero ser (1): Tener mi empresa de programación


¡Por supuesto!
Visto lo visto y tal como está el tema de estas compañías en España a más de uno se le habrá pasado esta idea por la cabeza.
En principio por sentir que tu trabajo es algo tuyo. Tener conciencia de que aquello a lo que te dedicas es una parte de tu vida que amas y de lo que puedes sentirte orgulloso. Ser tu propio jefe y tratar de que aquellos que trabajan para ti puedan sentirlo de la misma manera.

En España -al menos este tipo de negocio, pues no sé como funciona en otros campos- dejas de vivir durante el horario laboral y cuando sales vuelves al mundo real. Pero lo haces tan fatigado y asqueado que no puedes -y a veces ni quieres- aprovechar el poco tiempo libre que te queda. Presión; horarios y calendarios locos y extenuantes; bajos salarios; infravaloración e idea erronea del trabajo realizado por parte de la sociedad son las principales razones por las que un programador, en sus primeros años de trabajo, llega a plantearse el cambio de compañía o incluso de profesión. Acabamos hasta los cojones de que no se valore ni se recompense justamente nuestra "dedicación".
Son empresas engaña-bobos. Es decir: tienes tu trabajo siempre y cuando estés dispuesto a aceptar inflexibilidad de horarios, calendarios con picos muy altos -un par de semanas no haciendo nada y otras doce haciendo horas extra no remuneradas-, sueldos que no llegan a los 1000€ y actitudes totalmente tiránicas por parte de la Dirección.

Habría que decirles a estos que si invirtieran un poco de pasta en felicidad para los empleados dentro del horario de oficina otro gallo cantaría y no sería visto como otro día más perdido dentro de nuestras tristes vidas. Y no hablo de pagar excursiones o conceder, con la actitud benevolente del que se apiada de sus hormiguitas, los días 24 y 31 de diciembre como vacaciones. Hablo de que la oficina en sí sea un lugar donde los empleados puedan ser felices, ya que en este sitio van a dedicar una media de 62640 horas (8 horas diarias, cinco días a la semana durante treinta años).

Y paso de hablar de los empleados que tienen hijos y quieren dedicar las horas necesarias a su educación para que el día de mañana no sean unos borregos.

Esta es mi idea de la oficina perfecta, la que quiero que sea mi empresa. La segunda casa para todo el mundo. El lugar donde la gente no tenga que agachar la cabeza cuando pasé el Director General o tiemble por haber mirado a los ojos al Presidente.

Imagen extraída del blog Alexis Sánchez

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